La prosperidad no vendrá del Norte

El Plan Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte es visto de manera ingenua por algunos sectores como un parteaguas en términos de crecimiento y desarrollo económico en Guatemala. Se cree que es una masiva inyección de recursos hacia el país, que bajo un modelo novedoso de cooperación creará oportunidades que los guatemaltecos buscan en los Estados Unidos. Es impresionante cómo se puede especular sobre un programa del que poca gente conoce. ¿Un nuevo Plan Marshall? ¿Alianza para el Progreso? ¿Plan Colombia?

Es sumamente increíble, sin embargo, que el Gobierno de Guatemala ya tenga asignados en el Presupuesto 2016 alrededor de 5,500 millones de quetzales, es decir casi un 10% del gasto público se estarían dedicando hacia este plan. ¿De dónde ha obtenido recursos cuando el gobierno cuenta con tan pocos recursos para el presupuesto y los hospitales están completamente desabastecidos, se han eliminado sin explicación alguna los programas sociales y la inversión para el año 2016 será una de las más bajas de la historia? Sencillo, bajo la vieja técnica de “empaquetar” los mismos programas de siempre bajo la sombrilla de un nuevo “plan”. Es decir, las mismas partidas presupuestarias, incluso con menos recursos que en años anteriores, ahora vienen con prosperidad incluida.

Podría pensarse entonces que los fondos del plan de la Prosperidad provienen de una generosa inyección de dólares que el pueblo de los Estados Unidos está invirtiendo en Guatemala. Pues no, si bien existe un aporte significativo, los recursos que el Gobierno de EE.UU ascienden solamente a USD 127.5 millones, es decir cerca de un millardo de quetzales. Parte de ello se dedica a seguridad, asistencia militar y a asistir al deplorable estado de la atención en salud del país. El resto se dedica a ayuda para el desarrollo. Los fondos fluirán al país conforme se cumplan algunas condiciones de mejora de gobernabilidad.

Entonces, ¿el Plan de la Prosperidad no incluye prosperidad? Es algo que desconocemos hasta el momento, al menos no es evidente que sí lo haga. Un uso estratégico de los recursos nacionales complementado con el aporte del gobierno de EE.UU. puede dar un aporte a la situación crítica que vive el país, donde las oportunidades son escasas y, obviamente, cualquier aporte es positivo.

Lo poco que se sabe es que el Gobierno aumentó el déficit de 1.5 a 2% del PIB para el año 2016. No es resultado de mayor inversión, sino de asignar recursos a programas que quedaron desfinanciados por el recorte que el partido oficial negoció en la aprobación del Presupuesto 2016. Pero, de lo que nos damos cuenta, incluye gasto que nada tiene que ver con la prosperidad, como el otorgamiento de mayores viáticos y a engrosar las arcas del Ministerio de la Defensa, el gran beneficiado del presupuesto público en 2016.

Al final, lo que más nos debe de preocupar es que durante los cinco meses que lleva ya este Gobierno no se incluyan acciones enfocadas hacia una visión prosperidad compartida, ni hacia mejoras sociales, que es lo único que puede contribuir a que los guatemaltecos no tengan que buscar oportunidades afuera. Más allá de la complacencia porque la economía guatemalteca está creciendo con la moderación que le caracteriza mientras que las economías de América del Sur se derrumban, no se observa algún proyecto nacional que persiga dinamizar el país y aspirar a una mejora para la población. Es decir, si a las autoridades que dirigen el país la prosperidad les viene del Norte, no esperemos que la prosperidad venga del Norte.